Por: Anddy Landacay Hernández
¡No digas lisuras hijito! Diosito castiga. Solía decir mi santa madre cuando se me escapaba alguna interjección más propia del espíritu borracho de mi hermano mayor. Y es que la sociedad, ya sea por casualidad, audacia o estupidez vetó, censuró y proscribió algunas palabras que a pesar de la lucha incesante de la “moral y las buenas costumbres” no ha podido evitar que sigan vivas en nuestro universo gramatical. Continuar leyendo ‘La pinga del Libertador. De lisuras, palabrotas y “malas palabras”’




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